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¿Cómo se vive el Día de San Valentín cuando estás casada con Jesús?

Puede que no lo sepas, pero una esposa de Cristo recorre la ciudad de Denver.

Senite Sahlezghi vive su día como muchos de nosotros, haciendo tiempo para el trabajo, la oración, los amigos y la familia, pero lo hace unida místicamente a Jesús como su esposa. Mientras el resto de nosotros planificamos y ejecutamos el Día de San Valentín perfecto para nuestros seres queridos, ella se dirige a su esposo, el Señor Jesús, y planea pasar tiempo con él y al servicio de su pueblo, una realidad dual en el corazón de su llamado.

Senite, virgen consagrada en la arquidiócesis de Denver, fue consagrada mediante una ceremonia especial, muy parecida a una boda, el 12 de junio de 2021, la fiesta del Inmaculado Corazón de María ese año. A diferencia de otras profesiones religiosas, su consagración la llevó a una unión profunda, incluso misteriosa, con Cristo a través del Espíritu Santo.

“El corazón de mi vocación es ser una novia virgen de Cristo, una esposa de Cristo”, dijo Senite. “La oportunidad es realmente una virginidad exterior para salvaguardar una virginidad interior, es decir, un amor indiviso por el Señor. Él llama a las mujeres a esta vocación para dar testimonio de la realidad de su amor en medio de las circunstancias ordinarias de la vida, como un signo escatológico de la vida que todos viviremos en el Cielo algún día”.

Viviendo ahora lo que cada uno de nosotros vivirá en el Cielo, Senite prefigura la profunda unidad que Dios desea tener con su pueblo. Como esposa de Cristo, representa a su esposo de una manera mística dondequiera que vaya.

Esa representación puede ser difícil de entender para muchos: ¿cómo puede alguien estar casado con Jesús? Especialmente porque Senite se ve, suena y se desplaza por el mundo como muchos de nosotros, es fácil confundirla con una mujer soltera.

Pero es una causa por la que ella asegura seguirá muriendo: no es una mujer soltera; ¡está casada con el Señor de señores, Jesucristo!

En pocas palabras, “Nos convertimos en sus esposas y le damos nuestro amor indiviso y damos testimonio de eso al mundo, ya que tenemos una libertad más profunda y mayor para servir a su pueblo para que podamos llevarlos también al Cielo”, aseguró Senite.

Estar casada con el Rey de Reyes puede significar que no hay reservaciones para cenas elegantes, ramos de flores o cajas de chocolate, pero a Senite no le quita el sueño.

“Uno de los dones de esta vocación, el verdadero ministerio, el oficio que se me ha confiado, es la oración”, compartió. “Cada virgen consagrada, con los dones y carismas personales que le ha dado el Señor, está sirviendo a Cristo y a la Iglesia de esas maneras. Pero el corazón de la vocación: hay un momento en la Consagración donde el obispo nos da la Liturgia de las Horas, y nos convertimos en un icono de la Iglesia que ora. Ese es realmente el oficio”.

Llamada a amar a Dios en primer lugar, especialmente como su esposa, Senite encarna la virtud de la caridad, es decir, la intimidad con la Trinidad, al ser una “presencia contemplativa en el mundo”.

“La virgen consagrada encarna o concreta en medio del mundo esta inhabitación de la Trinidad. Y, si Dios quiere, todos damos testimonio y dejamos que esa luz irradie desde nosotros, la luz que es Cristo nuestro esposo. Entonces, hablando en términos prácticos, ¿qué significa eso? Es poder ser la Iglesia que ora y ser esposa y madre virgen primero de Dios, y luego, a partir de ese amor que amamos porque Él nos amó primero, estoy llamada a amar al pueblo de Dios porque su amor por mí abruma y luego se difunde”, explicó, señalando las famosas palabras del apóstol san Juan en su primera carta (1 Juan 4:19).

“Es tan humilde y abrumador”, continuó, quebrandose la voz de la emoción. “La realidad de haber sido elegida por Él en aquel entonces, ahora y todos los días por el resto de la eternidad… No hay palabras para expresarlo. Me doy cuenta de que Él siempre ha estado ahí. Y santa Inés tiene una frase genial en la que dice: ‘Cristo es la elección de mi amor’. Y eso es cierto para mí, pero es debido a la abrumadora realidad de que Él me eligió primero. Él me eligió. Él me salvó. Él me redimió. Él provee para mí. Él me adorna”.

Más dulce que los mejores chocolates del Día de San Valentín, la unión de Senite con Cristo como un “icono de la Iglesia” hace real el profundo amor de Dios por su pueblo.

A lo largo de los años, ha vivido ese amor al ejercer su ministerio en varios apostolados de Denver, como Christ in the City, Caridades Católicas de Denver, Marisol Health y ahora en la escuela preparatoria St. John Paul the Great en Denver. Incluso mientras celebramos el Día de San Valentín, ella está aprendiendo cómo amar y servir mejor a los estudiantes con discapacidades con la Fundación FIRE de Denver.

Sin embargo, en el centro de su servicio está un profundo amor por Cristo.

“Su pueblo es mi pueblo”, dijo con naturalidad y una sonrisa. “Soy tan privilegiada por tener todos esos apostolados, formas de derramarme en los demás. Creo que habla a la maternidad de mi vocación, donde Cristo es mi esposo y su pueblo es mi pueblo ahora. Él me confía a quien me confía.

“El amor es difusivo, desea darse a sí mismo. El amor se desborda y genera. Y es realmente asombrosa la forma en que lo hace de maneras obvias y en este trabajo oculto de oración que también me ha dado”, continuó.

Al reflexionar sobre el amor, humano y divino, este día de San Valentín, Senite tenía una simple invitación para tomar en serio en este día dedicado a asuntos sinceros: “Vuelvan al primer amor”.

“Nos distraemos con cosas muy tontas, y también nos distraemos con cosas muy nobles. Pero todo debe provenir de un encuentro con Jesús primero. Y entonces, para mí primero y para quienquiera que lea esto, recuerden que él está con nosotros, que desea estar con nosotros y que siempre nos está esperando. Y entonces, en un día en el que celebramos el amor, recuerden que él nos ama primero, no solo nos amó primero”, dijo, enfatizando el increíble amor de Dios por nosotros en el momento presente.

“Jesús se preocupa por la realidad de nuestras vidas: los deseos, las penas, las alegrías y la incertidumbre. Todo. Él es Emmanuel y se preocupa por todo. Simplemente desea estar con cada uno de nosotros”, continuó. “Muchas veces, pensamos que tenemos que ser algo o alguien para él. Todo lo que quiere es que le demos permiso para encontrarse con nosotros y amarnos. Entonces, déjenlo. ¡Qué buen primer amor al que volver! Así que regresen allí. Prácticamente, regresen al momento de su conversión. Recuerden y repitan esas gracias y pídanle que haga nuevas todas las cosas en su corazón porque de verdad siempre hay más con el Señor”.

Inspirándose en la Santísima Virgen María, que vivió una virginidad consagrada y una profunda cercanía a Cristo como su madre, Senite se siente continuamente alentada a crecer en la hospitalidad, encontrando y recibiendo al pueblo de Cristo con amor.

“Ella es una compañera en esta vida para mí. Ella me muestra lo de verdad significa servir, dar, amar y encontrar a los demás, y me señala a él cuando he fallado”, expresó.

André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
André Escaleira es el editor de Denver Catholic y El Pueblo Católico. Nacido en Connecticut, André se mudó a Denver en 2018 para servir como misionero con Christ in the City, donde servió por dos años.
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