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Camino del padre Joseph LaJoie de estudiante de CSU a sacerdote universitario de St. John XXIII

Por Sarah Mendus

Frente a la Universidad Estatal de Colorado (CSU, por sus siglas en inglés) en Fort Collins se encuentra la parroquia St. John XXIII, el querido hogar de RamCatholic y de muchos estudiantes de CSU. Desde el 2022, la comunidad ha sido acompañada por el padre Joseph LaJoie, un sacerdote conocido por sus referencias al rock clásico y por su sudadera de “CSU Dad”, aunque su conexión con el campus comenzó mucho antes de su nombramiento.

Veinte años antes de convertirse en párroco, él mismo fue estudiante de CSU. Cuando inició su primer año en el 2000, no tenía idea de que algún día sería sacerdote. Le había pasado por la mente después de la confirmación y, en algunas ocasiones, durante la preparatoria.

“Especialmente en 11.º grado”, comentó el padre Joseph, “cuando te están presionando mucho con lo de la universidad e introduciéndote al discernimiento de lo que vas a hacer cuando te gradúes, la idea del sacerdocio vino a mi mente realmente por primera vez”.

Aun así, no consideró la idea por mucho tiempo.

“Podría enumerar todas las razones por las que cualquiera sería renuente a convertirse en sacerdote”, recordó. “Yo quería casarme y tener hijos. Quería descubrir cuál iba a ser mi lugar en la vida, una carrera. Quería tener éxito, ganar buen dinero”.

Después de cinco semestres en CSU, todavía no había declarado una especialidad. Nada lo llamaba. La idea del sacerdocio volvió suavemente, pero de nuevo la rechazó. Estaba decidido a perseguir la vida que deseaba. Una noche, frustrado, se sentó con el catálogo de cursos de CSU, decidido a elegir algo.

Con apatía se decidió por contabilidad. Pensó: “Soy bueno en matemáticas y los contadores probablemente ganan buen dinero, así que me voy por ahí”. Poco después se transfirió a CU Denver para poder vivir en casa mientras terminaba la carrera.

Pero al acercarse la graduación, el padre Joseph descubrió que no estaba satisfecho.

“Habría sido un buen contador si me hubiera importado”, dijo. “Mi corazón no estaba ahí, pero trataba de obligarlo porque seguía queriendo esas otras cosas”.

Pero el año 2005 lo cambió todo. Al inicio del año, su tía falleció a los cuarenta y dos años, y unos meses después murió san Juan Pablo II.

“Ambos eventos me obligaron a pensar de manera profunda: ¿qué estoy haciendo? Tengo veintidós años. Elegí una carrera, pensé que había encontrado una dirección, pero simplemente no era feliz”.

Para él fue algo así como una “crisis de los veintitantos” que lo despertó y tambaleó la visión, antes inamovible, que tenía de su futuro.

Fue entonces cuando el llamado al sacerdocio volvió a aparecer. Esta vez, a pesar de sus miedos y reservas, escuchó.

“La noche en que eligieron al papa Benedicto XVI, por fin envié mi primer correo electrónico a la Arquidiócesis diciendo que no sabía qué hacer ni con quién hablar, pero que quizá necesitaba hablar con alguien sobre hacerme sacerdote”, recordó.

Se enteró de un retiro en febrero para quienes estaban considerando el sacerdocio. Llamó dos días antes para ver si había espacio, cruzando los dedos para que le dijeran que era demasiado tarde. En cambio, una mujer alegre llamada Mary le dijo que, por supuesto, podía asistir.

Fue, aunque a regañadientes. Mucho le era desconocido, especialmente la adoración nocturna.

“No sabía realmente qué era la adoración”, admitió. “No sabía cómo orar”.

Se apuntó a las 3:30 a.m., y a pesar de estar solo en la capilla, sintió una presencia.

“Fue una sensación de ‘hay alguien aquí’. No porque hiciera un ruido; simplemente había una perturbación en la fuerza”, recordó.

Arrodillado ante la custodia, hizo una oración interior: si Dios quería que siguiera discerniendo, necesitaba darle una señal antes de que terminara el fin de semana.

“Fue entonces cuando, por primera vez, escuché la voz de Jesús en la oración”, recordó el padre Joseph. “Lo que escuché fue: ‘Sigues buscando una dirección, ¿por qué sigues huyendo?’”.

Al volver a casa, les dijo a sus papás: “No sé cuándo va a pasar, pero en algún momento voy a tener que entrar al seminario para resolver esto”.

Comenzó a ir a Misa, a rezar el rosario y a acudir a la adoración todos los días. Sus papás lo animaron a terminar la universidad, le faltaba un año y sería el primero de la familia en obtener un título, pero él sabía que el seminario no podía esperar.

“Ahí es donde se supone que debo estar”, recordó sentir. “Esto es, esto es lo que estaba esperando sentir cuando trataba de elegir una especialidad”.

Tomó la solicitud en mayo, la concluyó en tres semanas y media, y entró al seminario ese otoño. Fue ordenado en el 2013.

Años después, mientras servía como párroco en la parroquia Sacred Heart en Greeley, recibió una llamada en la que le dijeron que el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, lo había pedido por nombre para servir como párroco de St. John XXIII, la parroquia de pastoral universitaria que atiende a CSU.

“Estaba atónito de recibir este nombramiento. Muchos de nosotros lo veíamos, en cierto sentido, como la asignación más importante de la arquidiócesis”, dijo el padre Joseph, destacando la importancia de la pastoral universitaria y la cantidad de vocaciones que han surgido de RamCatholic. “Hasta el día de hoy es el lugar emblemático de la pastoral universitaria en Colorado”.

Sintió el peso de la misión, y nervios por volver a Fort Collins. Habían pasado veinte años desde que fue estudiante en CSU, así que tenía pocos lazos sentimentales, pero recordaba haber sido infeliz ahí. No sabía cómo sería regresar como párroco.

Lo que encontró fue un gran apoyo del extraordinario equipo de St. John XXIII y de los misioneros de FOCUS asignados ahí. Aunque la transición fue difícil, pronto descubrió que era una comunidad y una misión que amaba profundamente.

Hubo un momento muy claro de “completar el círculo”.

“Yo era un joven muy infeliz y perdido viviendo en Parmalee Hall, sin saber qué hacer con mi vida”, dijo. “Ahora estoy al otro lado de la calle del lugar donde huía de Dios, pensando que no había manera de que él me diera las cosas que yo quería en la vida, que no había forma de que pudiera satisfacer mis deseos haciéndome sacerdote. Después de haber aceptado mi vocación sacerdotal, es muy claro que esto es lo que siempre estuve llamado a hacer”.

Volver cuando lo hizo trajo también una nueva dimensión de crecimiento a su sacerdocio. Cuando sus papás lo dejaron por primera vez en CSU, tenían treinta y nueve años, y cuando él comenzó su misión ahí, tenía cuarenta.

“Estos estudiantes son lo suficientemente jóvenes como para ser mis propios hijos”, dijo. “Crecer en el término padre, siendo ahora mucho más exacto cronológicamente que en cualquier otro momento antes, es algo muy hermoso y muy humilde”.

Desde el inicio, la meta del padre Joseph ha sido reenfocar St. John XXIII en su misión como parroquia de pastoral universitaria.

“Mucha gente al otro lado de la calle está muy perdida y nunca les han hablado de Dios ni de Jesús”, dijo. “No estamos aquí para ser un templo contra la conciencia y la corrección política del mundo; estamos aquí para salvar a las personas de este caldo tóxico de inmoralidad en el que vivimos. No estamos aquí para condenarlos a todos al infierno, sino para que podamos salvarlos”.

Esa misión, llevar el evangelio a los estudiantes, sigue siendo el corazón de RamCatholic. ¿Y quién mejor para guiarlos que un compañero Ram?

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