52.1 F
Denver
viernes, enero 30, 2026
InicioConoce tu feOraciónFe, salud mental y santos: el llamado católico a cuidar la mente,...

Fe, salud mental y santos: el llamado católico a cuidar la mente, el cuerpo y el alma

Por la Dra. Michelle Connor Harris, Psy.D.
Directora ejecutiva
St. Raphael Counseling, un ministerio de Caridades Católicas

 

Imagina a alguien con una enfermedad mental. ¿Quién viene a tu mente?

¿Pensaste en el hombre acabado de la esquina, con un cartel de cartón pidiendo dinero? ¿O en la mujer en la parada del camión, con el cabello despeinado, que habla sola? Probablemente no pensaste en tu maestra de primer grado, ni en el diácono de tu parroquia, ¡y mucho menos en una santa como la madre Teresa!

Después de todo, las personas con enfermedades mentales no son como el resto de nosotros y no podrían llegar a la santidad… ¿o sí?

Nosotros vs. ellos

Este tipo de pensamiento dualista es demasiado común: esas personas son muy diferentes de gente como yo.

En parte gracias a René Descartes (“Pienso, luego existo”), el concepto moderno de mente y cuerpo como realidades distintas se volvió parte del pensamiento occidental. No podemos culpar totalmente a Descartes, porque los seres humanos somos naturalmente buenos para separar a las personas en grupos y categorías, principalmente para decidir rápido si alguien es amigo o enemigo.

El problema es que, aun cuando nuestra supervivencia no depende de clasificar a las personas, no podemos evitarlo. Caemos por defecto en pensar en dos grupos: “los otros” y “gente como nosotros”. Si a un grupo se le asocia un estigma negativo —por ejemplo, quienes padecen enfermedades mentales— entonces lo colocamos en la columna de “los otros” y nos mantenemos lejos, en la categoría de “gente como nosotros”. La gente “normal”. Pero ¿qué pasa si la gente normal puede enfermarse mentalmente?

Somos uno

De hecho, muchas personas llamadas “normales” desarrollan un trastorno de salud mental en algún momento de su vida. Según investigadores de Harvard Medical School, el 50 % de todas las personas en el mundo lo hará. Cincuenta por ciento. ¡Eso es cinco veces más que el número de personas diagnosticadas con cáncer!

En Estados Unidos escuchamos sobre las señales de advertencia del cáncer; nos hacemos pruebas de detección; tratamos de evitar los carcinógenos conocidos. Y, aun así, el 80 % nunca tendrá cáncer. Pero al lanzar una moneda, podrías terminar con una enfermedad mental. ¿Conoces las señales de advertencia? ¿Te haces pruebas para detectar problemas de salud mental? ¿Evitas lo que afecta negativamente tu salud mental?

Si eres como la mayoría de los estadounidenses, tu respuesta probablemente sea “no”. Estamos lejos de aceptar que la mente y el cuerpo no son dos cosas separadas. El cuerpo impacta la mente y la mente impacta el cuerpo porque son parte de un todo unificado.

Muchos trastornos de salud mental diagnosticados tienen criterios físicos: demasiado o muy poco sueño, aumento o pérdida de peso, movimientos agitados o lentos, dificultad para pensar o concentrarse. Por ejemplo, la National Alliance on Mental Illness encontró que las personas con depresión tienen 40 % más probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares o metabólicas. Asimismo, se halló que el 25 % de quienes son diagnosticados con cáncer experimentan ansiedad y depresión.

La enfermedad mental y la enfermedad física no son estados de malestar separados o excluyentes. Están conectadas, así como lo están nuestra mente, cuerpo y alma. Así como estamos llamados a honrar el cuerpo como templo del Espíritu Santo, también estamos llamados a cuidar de nuestra mente, buscando apoyo, prevención y tratamiento para esta categoría de enfermedad del mismo modo que lo haríamos con un padecimiento físico.

Mente, cuerpo y alma

Como católicos, creemos que el ser humano es cuerpo y alma unidos (Catecismo de la Iglesia Católica 362-368), lo cual es el fundamento perfecto para alejarnos del pensamiento dualista. Sabemos que el pecado puede afectar nuestra alma, por eso recurrimos a la confesión y los sacramentos.

Aun así, también caemos en la trampa de separar alma y cuerpo. En St. Raphael Counseling, mis colegas y yo con frecuencia escuchamos a personas que sobre-espiritualizan los problemas de salud mental, creyendo que su falta de fe es la causa de sus dificultades o que la oración es el remedio para todos sus síntomas. Con esta visión, pueden no ver la necesidad de un tratamiento profesional, optando por dirección espiritual u oración más. intensa. Sin embargo, esas mismas personas jamás sugerirían que alguien diagnosticado con cáncer no vea a un médico o dependa solo de la oración como tratamiento.

Si la mitad de nosotros desarrollará una condición de salud mental, entonces podría ser cualquiera, incluso católicos fieles que buscan la santidad. La piedad y la oración no eximen a nadie de experimentar problemas de salud mental. Santos como san Juan de Dios (1495-1550), san Óscar Romero (1917-1980), santa Teresa de Calcuta (1910-1997) y santa Teresita del Niño Jesús (1873-1897) los experimentaron. Esto nos dice que, aunque la oración, la dirección espiritual, la confesión regular y la Eucaristía son cruciales para la santidad, no son una cura para los problemas de salud mental.

Veamos a los santos

Consideremos a santa Teresita del Niño Jesús (1873-1897), quien vivió 9 años en su convento en Normandía, Francia. ¡Su vida entera fue una entrega total a Dios! Sin embargo, su experiencia de enfermedad mental comenzó en la infancia con ansiedad y una fuerte escrupulosidad, una forma de trastorno obsesivo-compulsivo en el que la persona se obsesiona con pecados imaginados, existan o no. Al final de su corta vida, a santa Teresita se le diagnosticó tuberculosis, acompañada de una profunda depresión. Su depresión fue tan intensa que le confesó a su enfermera que entendía la tentación de los no creyentes de considerar el suicidio como medio para escapar del sufrimiento (ver Joseph F. Schmidt, Walking the Little Way of St. Therese of Lisieux: Discovering the Path of Love, p. 201). Si una santa y doctora de la Iglesia pudo experimentar enfermedad mental, entonces ninguno de nosotros está exento.

La condición humana es haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, con una amplia gama de emociones —las cómodas y las incómodas—. Los sentimientos son información valiosa sobre nuestras experiencias. Lo que hace la diferencia al hablar de un trastorno mental es la intensidad, duración e impacto que esos sentimientos, pensamientos y comportamientos tienen en nuestra vida cotidiana.

Aunque santa Teresita no contó con un terapeuta profesional, sí hablaba con su hermana y recibía orientación y algo de alivio. Así como las enfermedades físicas se tratan mejor con un médico, los síntomas de salud mental se abordan mejor con un profesional de la salud mental. Y así como no necesitas tener cáncer para beneficiarte de ir al médico, tampoco necesitas un diagnóstico formal de enfermedad mental para beneficiarte de acudir a un especialista en salud mental.

No estamos solos

Vivir en este mundo roto es difícil. El sufrimiento forma parte de nuestra experiencia en la tierra. Y, sin embargo, no tenemos que sufrir solos. Dios espera que acudamos a los demás en busca de ayuda; por eso nos ha dado dones distintos para servir al Cuerpo de Cristo. Afortunadamente, la arquidiócesis de Denver cuenta con muchos profesionales católicos de la salud mental que pueden ayudarte a encontrar un camino en medio del sufrimiento para que vivas una vida de alegría y paz.

 

Artículos relacionados

Lo último